La leyenda de los Juancaballos en la fachada de la Sacra Capilla del Salvado de Úbeda

Un relieve escultórico en la fachada de la Sacra Capilla del Salvador de Úbeda ha dado pie a la popular leyenda de los Juancaballos. Genial relato en cuya invención tiene mucho que ver el escritor Antonio Muñoz Molina.

La leyenda de los Juancaballos es una de las que causan mayor estremecimiento a los visitantes de la ciudad Patrimonio Mundial. Imposible sustraerse a ella ante uno de los relieves escultóricos que adornan la fachada de la Sacra Capilla del Salvador. La talla, situada en uno de sus contrafuertes, muestra a Hércules luchando con el centauro. Hace referencia a un pasaje mitológico donde el héroe griego se enfrenta a tan inquietante criatura.

El centauro es considerado en la tradición clásica como un ser monstruoso, mitad humano y mitad equino. Es la antítesis del concepto de virtud grecorromano, por ser incapaz de dominar sus más bajos instintos y deseos. El episodio de la mitología al que alude la escultura tiene en el Salvador la interpretación simbólica de la pelea entre el bien y el mal, en la que solo puede salir vencedor uno de ellos.

Relieves clásicos en la fachada principal del Salvador de Úbeda

Relieves de dioses mitológicos en el intradós de la puerta de entrada del Salvador

La leyenda de los Juancaballos

Sin embargo, sobre esta vigorosa escena que aparece en el panteón funerario de Francisco de los Cobos se ha impuesto otra interpretación. Una que bucea en el acervo del imaginario colectivo, en la cosmovisión mágica e insondable de la existencia humana.

Cuenta la leyenda que en las profundas grutas de Sierra Mágina se esconden unos extraños seres conocidos como los «Juancaballo». Son mitad hombre, mitad corcel, malignos, crueles, y no gustan de vivir a la luz del sol. Hubo un tiempo en el que la población de Úbeda estaba tan aterrada con sus sanguinarias correrías que los inmortalizó en la fachada del Salvador. Con este gesto conseguían exorcizar el miedo y suplicar la protección de la divinidad.

Sea como sea, esta nueva y original lectura sobre el relieve de la lucha de Hércules con el centauro introduce elementos tan potentes que ya ha entrado a formar parte insoluble de la cultura y el folclore de Úbeda. Una leyenda transmitida de generación en generación desde la noche de los tiempos. Aunque su invención sea más reciente de lo que se piensa y halla que adjudicársela al escritor ubetense Antonio Muñoz Molina.

El escritor Muñoz Molina y su libro El jinete polaco, donde aparece la leyenda de los Juancaballos

Los Juancaballos de Muñoz Molina

Quien mejor desgrana la leyenda de los Juancaballos es, sin duda, el propio Muñoz Molina en su novela El jinete Polaco, premio planeta en 1991:

«…en la Sierra vivían unas criaturas mitad hombre y mitad caballo que eran feroces y misántropos y que en los inviernos de mucha nieve bajaban al valle del Guadalquivir exasperadas por el hambre y no sólo pisaban con sus cascos equinos las coliflores y las lechugas de las huertas, sino que llegaban al extremo de comer carne humana. La prueba de que los juancaballos existían, aparte del relato de algunos hombres aterrados que sobrevivieron a su ataque, estaba, labrada en piedra, en la fachada de la iglesia del Salvador, donde es verdad que hay un friso de centauros, de modo que si los habían esculpido en un lugar tan sagrado, junto a las estatuas de los santos y bajo el relieve de la Transfiguración del Señor, argumentaba sonriendo mi abuelo, muy hereje hacía falta ser para no creer en ellos…»

A Muñoz Molina se debe la identificación de esta leyenda con el relieve del Salvador, y también la invención de la palabra «Juancaballos». No es la primera vez que el escritor hace eco en sus novelas de las viejas historias que escuchaba a sus mayores, vinculados con las huertas de la ciudad. Relatos que quedaron fijados con absoluto asombro en su mente infantil y a los que recurre a menudo para adaptarlos a sus narraciones de corte biográfico. Pero es él, una vez más, quien mejor lo sabe explicar:

La simbología de la fachada del Salvador

La presencia de la mitología clásica en el Salvador es abrumadora. Una manera alegórica de expresar ideas moralizantes y de poner a Francisco de los Cobos, el promotor de la obra, y a su señor, el emperador Carlos V, como modelos edificantes a imitar por los mortales. Ambos personajes se comparan con un héroe, en este caso Hércules, que tuvo que superar muchas y difíciles pruebas para demostrar su valía. Al igual que el propio Jesús, con el que también existe un paralelismo.

El otro de los relieves que adornan los contrafuertes de la fachada del Salvador alude al episodio de Hércules y los toros de Gerión. Algunos investigadores han visto también en ellos una manera de aludir al origen mítico de la realeza española, incluyendo a dichos personajes legendarios en su linaje. Así, una vez vencido el monstruo Gerión en su guarida del archipiélago gaditano, Hércules cede la corona a su hijo Hispal a quien se le atribuye la fundación de Hispalis.

Hércules y los toros de Gerión en la fachada del Salvador de Úbeda

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